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El polen de Flor de Aroeira

Colombia/Brasil 2023


Viajar a un país diferente siempre ofrece nuevos retos, mucho más teniendo en cuenta que esa aventura es para investigar y escudriñar en la cultura local y ancestral de ese territorio y que allí, en esas ciudades, se comunican en un idioma y con palabras que el viajero no domina.


Dormir en una casa de la cultura popular, alojarse en un Ilé ( Ilé: este espacio que es la escuela Flor de Aroeira es en realidad una “ocupa”. Un espacio que fue tomado por estos artistas que hoy construyen comunidad en el arte y la tradición con Capoeira Angola, Samba de Roda y Tambor de Crioula.), isla, hogar, útero, un suelo que representa, construye comunidad y que salvaguarda la cultura popular, y las prácticas espirituales afrodescendientes en una evidente mezcla con el territorio y la cultura local, se torna una mágica enseñanza que puede cambiar los paradigmas más arraigados en el ser.

La primera experiencia de dormir en el suelo, en una estera, compartiendo el espacio con personas que nunca antes viste, con animales que caminan por todo el espacio, piden comida, defecan donde pueden y emiten el sonido que sus voces les dan sin importar el momento del día, la noche o la madrugada.


Una cultura donde cada persona tiene su rol y lo asume como lo aprendió en su hogar, sin embargo, aprende de la nueva experiencia y del ejemplo que son otros para sí mismo. Un cambio de alimentación, de hábitos y de idioma para sumergirse en la realidad que se dibuja en cada nuevo amanecer, en cada actividad artística o en cada encuentro para hablar, comer, cocinar, gingar capoeira, tocar el tambor, el pandeiro, el berimbao o danzar.


Una cotidianidad donde el elemento invisible que habita en el éter, el elemento que se incorpora en el mundo físico de los cuerpos humanos, el aire, el agua, el fuego y en la tierra, pero sobre todo, que danza en cada oportunidad que se le permite acceder a la materia, es honrado con velas, aromas, ofrendas en cada esquina de la casa, cuarzos o flores que simbolizan que están siendo honrados en este territorio y siendo parte activa de una comunidad que vibra con ellos para enaltecer el flujo ancestral de arte y la comunicación para recibir la herencia africana siendo manifestada en este dimensión de la materia.


Cuando entiendo las palabras que no puedo pronunciar

algo me hace escuchar, que es un dios el que las habla.

Vania


Y una vez más, mirando con agudeza, creyendo tener los pies en la tierra, se da una conversación con el Maestro que generosa y abiertamente invita sin discriminación alguna a compartir, alimentar y construir en el terreiro de todos, una comunidad que crece a cada momento en la magia, pues el llamado de vivir el ahora, de estar presentes y conectar con el arte de “ser” es una invitación a soltar los paradigmas o discursos antiguos y vivir plenamente el arte de estar y ser en presencia total.


En las mañanas tres veces a la semana, en la práctica de Capoeira se torna la energía de despertar juntos, la mística magia del movimiento corporal, el sonido del Berimbao que conecta con la frecuencia ancestral, el enxó un istrumento musical que marca el tempo, la constante que sostiene y nos recuerda el trabajo duro de la tierra, el pandeiro y el atabaque que acompañan con su golpe, y la inspiración que viene en la palabra para crear con melodía un mensaje que surge para cada uno en diferente versión y así complementar en el presente una divina opción que resuena en el espacio físico e interior de cada uno y del lugar. Los invisibles por supuesto acompañan con gozo estas prácticas matutinas y refrescan con su conocimiento el entorno de la capoeira en el ilé.


En oportunidades, después de la clase de capoeira se practica Samba de roda, tocando el pandeiro, cantando y danzando para honrar a los ancestros y para fortalecer la resistencia, pues la exigencia del instrumento requiere mucha práctica y compromiso.


Al finalizar cada actividad artística se da con espontaneidad la conversación y el crecimiento colectivo, tomamos café y compartimos un pan o una fruta, pues cada persona que asiste al ilé lleva algo para ofrendar en el espacio a los animales, a las personas o a los altares.


También hay un cuaderno grande de páginas en blanco disponible para quien quiera aportar su experiencia o sus opiniones de la jornada, en cualquier idioma, donde cada asistente a la casa, a las clases o a las ceremonias puede compartir en palabras, dibujos o cualquier expresión gráfica su sentir al respecto del encuentro. Es común la llegada de nuevos visitantes que vienen a compartir, a cocinar y a ayudar con las labores de la casa. También lo es la llegada de monos por las ventanas pidiendo comida, la gallina buscando un lugar donde poner sus huevos, el gallo cantando frecuentemente y el perro buscando alguien que quiera jugar o consentirlo.


Los viernes en la mañana con frecuencia se hace una limpieza general y todos los tambores salen de la casa a tomar el sol y el aire en la parte exterior del terreiro. Es un día en que el Maestro toma un baño de hojas para limpieza espiritual y si hay actividad de Tambor de Crioula, también se hace una limpieza profunda y un sahumerio para entrar en la frecuencia necesaria para la práctica espiritual y artística. Usualmente se acompaña el momento de la preparación del espacio con música grabada que conecta con la frecuencia de las entidades yoruba y más adelante se escucha también música de los maestros que inspiran nuestra interpretación y ejecución de la música que ellos nos heredan a través del linaje de sus discípulos (hoy en día nuestros maestros).


Durante una primera clase de tambor de Crioula fue importante reconocer las formas en las que se practica esta manifestación en la escuela Flor de Aroeira, entendiendo parámetros a los que los Mestres dan una importancia especial teniendo en cuenta el conocimiento y la herencia de esa forma de hacerlo como por ejemplo: la necesaria presencia de la hoguera en el fundamento y la afinación de los tambores, usar sombrero o un accesorio que cubra la cabeza durante la práctica, abrirse a recibir sin pretensiones o expectativas, incluso sin conocimientos previos y con la necesaria humildad y silencio interior para recibir lo que está siendo canalizado en el momento presente, también reconocer que en la tradición las mujeres no tocaban el tambor y como esto es una práctica moderna la manera de sentarse sobre el tronco no es igual a la del hombre, quien abre las piernas sobre el tambor, mientras la mujer se sienta de lado por respeto a la tradición.


Al principio, se toca el tambor MEIAO que marca una constante de sonidos continuos que sostienen la entrada del segundo tambor, CRIVADOR, que participa para crear la trenza sonora que más adelante sustenta el tambor GRANDAO y las voces que cantan para crear el ambiente musical.


Las palmas al entrar siempre apoyan y dan fuerza a lo que acontece en la roda. De repente, un cantor encuentra en el aire, en su memoria o en el momento presente las palabras de la primera canción que abre la rueda y entonces, coreras, tamboreros y cantores crean un momento mágico donde se abren las faldas al girar y al avanzar al compás de la música, se forma una rueda entre los tambores y las coreras y entonces alguna es llamada por el tambor y entra a saludar.


La corera que entra, saluda el Crivador honrando su presencia, luego saluda y honra al tambor Meiao y enseguida, frente al tambor Grandao da su bienvenida como siente hacerlo y comienza la comunicación instintiva y fluida entre estos dos elementos (tambor y danzante). La corera, que descalza arrastra los pies en el suelo para enraizar la frecuencia que viene del invisible, se deja llevar por el sonido, por las sensaciones internas y se regula, pues es usual que la emoción del momento haga de ella un instrumento o un canal por medio del cual la energía entra a participar en la danza con mucha emoción. Cuando está llegando el final de la ceremonia, el cantor menciona palabras de despedida avisando que la roda terminará y entonces el tambor más grande sale a avanzar por el espacio mientras las coreras danzan en una fila detrás hasta volver a llegar a su lugar y es cuando el mayor o director de la roda da el aviso para terminar.


Comentario personal:

La primera oportunidad que tuve de participar como corera en el tambor de crioula durante el viaje a Sao Paulo, experimenté sensaciones y experiencias que recuerdo como aprendizaje.


En la primera, sentí el llamado del tambor, el jalón en la cadera, pero la prevención y la ignorancia no me permitieron entrar a danzar y entonces la maestra “mandó a parar” la rueda y explicó que la corera que fuera llamada por el tambor no debía resistirse a entrar. Sentí que era conmigo.


Cuando (en la misma actividad) sentí el llamado a entrar a la roda, ingresé a relevar a la corera que estaba danzando y así, recibir la “punga” que es el choque de la pelvis entre las dos bailadoras. Recibí la punga, honré a los tres tambores y comencé a fluir en la energía del momento, sin embargo, la fuerza era muy intensa y mi cuerpo danzó con tanta energía que despegué los pies del suelo y entonces, los maestros “mandaron a parar” la rueda por segunda vez. Explicaron que no debíamos solo dejarnos llevar, si no también regularnos en la materia, pues esa energía trae consecuencias para el cuerpo físico más adelante y un desgaste importante.


Punga: Esta energía que se transmite a través de los centros de energía vital más bajos (chakra raíz), se une entre las dos personas que danzan para compartir la frecuencia que habita el momento y a las coreras que participan en la roda.


Hoguera: La presencia del fuego, es básica en la práctica del “fundamento” espiritual durante la preparación del evento, además de ser el método de afinación de los tambores.


Al terminar las rodas de tambor de Crioula siempre queda una poderosa energía vital y es complicado incluso dormir, pues el cuerpo está lleno de una frecuencia con la que se puede hacer casi cualquier cosa (menos dormir).


En la pedagogía que el Mestre Nené aplica con sus alumnos es importante la presencia de la incomodidad, pues de ahí surgen aprendizajes valiosos y una forma de ver la vida que aportó para él muchas herramientas en su experiencia artística y personal. Mestre Nené heredó del Mestre Ananias la Capoeira de banco que se practica en una silla muy pequeña (nada cómoda) en la que la altura favorece los movimientos de la Capoeira Angola y aporta un estilo muy personal, pues ninguna otra escuela o linaje lleva la marca de La Capoeira de Banco.


Por otro lado, en el estudio del pandeiro para el Samba de Roda, el Mestre Nené también tiene aportes técnicos debido a que su experiencia como percusionista le ha permitido crear modos de tocar el instrumento que otros percusionistas no aplican y así nos invita a retarnos técnicamente en la interpretación de este instrumento y transgredir las formas en las que tocamos en la Escuela Flor de Aroeira.


Otra de las metodologías y prácticas que aplica el maestro en la cotidianidad, es salir a la calle tocando y cantando mientras caminamos por las aceras, pues para él y para muchas personas que han vivido en la calle, encontrar un espacio divertido, inesperado y artístico que voluntariamente aporta alegría al momento es un regalo que vale mucho, pues “hay cosas que el dinero no puede comprar” y las tenemos todas.


Además de aprender de todas las personas, animales y entidades que habitan el ilé, también tuvimos la oportunidad de compartir la música tradicional de Colombia que hemos ido conociendo y practicando en estos (más de 20) años. Interpretamos porros, cumbias y otros aires de la gaita larga, también tocamos en nuestros propios tambores ritmos de los “bailes cantados” de Colombia, como el Bullerengue, la Chalupa y el Fandango de lengua, que acompañaron diferentes momentos en la escuela e incluso el cierre de las prácticas.

Los tambores que habitan el ilé son siempre cubiertos con telas o sombreros (si no se están tocando), pues se consideran también entidades vivas que requieren cuidado y un trato especial.


Tuvimos la oportunidad de asistir a varios encuentros durante los días de nuestro viaje en que protagonizó la Capoeira y el berimbao, También el Samba de Roda y por supuesto el Tambor de Crioula.

En el Samba de roda también se da la experiencia de danzar para el tambor y de usar la práctica de relevar con la “Punga u Ombligada”, la danza permite una expresión de los movimientos del samba tradicional, pero también del lenguaje personal de cada artista que danza en el encuentro.


 
 
 

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