Una mirada desde la ancestralidad
- Paola Hernández Ucrós
- 1 mar 2023
- 4 Min. de lectura
Mito
Caminamos los pasos que otros andaron y hoy lo agradecemos, guardianes del agua, del fuego, del viento y de la tierra, cuidadores de nuestra relación con la madre naturaleza, somos a su imagen y semejanza, en nuestra sangre habitan los ríos, las piedras en nuestros huesos, el viento al respirar y en la forma como nos comunicamos, y el fuego en cada latido de nuestro corazón.
La manera de comunicación con la naturaleza que nos dejaron los antiguos, es el canto y la danza. Nacemos danzando en espiral y cantando con el primer llanto que indica que estamos vivos.
El arte es la vida y es la posibilidad de conexión con el presente, la práctica de los abuelos y las abuelas de sabiduría para vivir tranquilos. Cuidando el equilibrio entre el Cielo y la Tierra, entre el sagrado masculino y el sagrado femenino, que habita en todos y en la unidad de todo lo que nos rodea.
El cuerpo, nuestra herencia, lo que nos permite estar aquí y ahora y ver la grandiosidad de la vida, la danza afrocaribe nos recordó el don de la libertad, que nadie nos puede quitar, sabiendo que la verdadera libertad es hacer lo correcto, de la fecundidad que nos permite estar en abundancia y de nuestra resonancia con el corazón de la tierra y el corazón del cielo.
En este recorrido que ha guiado el Agua de vida, desde el páramo, al mar, del mar al río, pasando por lagunas, volcanes de lodo y cascadas, el propósito fundamental es la alegría, esto y el sentido de familia planetaria, nos recordaron una vez más los tambores, los cantos y las danzas.
La falda larga es un arquetipo de la sabiduría resguardada en la fecundidad de la madre primigenia, de cómo se cuida la vida. Un cobijo que acoge, gesta, crea, corteja y se deja cortejar, un consejo de alegría para vivir en la plenitud de la libertad de ser para toda la familia planetaria en el instante presente.
La Bogotana
La Bogotana es un tema de Gaitas, que tiene un tinte machista, en el que la letra narra el encuentro de un hombre con varias mujeres, en el que ellas quedan llorando y el hombre no, porque él no pode llorar y aclara que esto tiene que ver con su territorio San Jacinto, Bolívar.
Esta letra y muchas otras, desdibujan el consejo de la común-unidad que está resguardado en la tradición ancestral; en el que se cuida a la mujer, a las niñas y a los niños, a los hombres, a las abuelas, a la familia, dándole su lugar a la mujer, en el reconocimiento del sagrado femenino que vive en todos y en la madre naturaleza que nos abriga, y alimenta.
La Bogotana como colectivo nació para agradecer y honrar esa memoria, a través del arte mujeres sencillas, de corazón grande que se juntaron danzando al origen, y cantando recordar la alegría de vivir en el ahora.
Encuentro en Brasil
En la fuerza del ritual de paso de la muerte reconocemos el camino de la transformación, nacemos y morimos todos los días en la re-existencia del ser de lo que encarnamos, nosotros somos los des-conjuradores del sufrimiento que nos heredaron los colonizadores.
Los guías en la actualización del antiguo nuevo orden, son los arquetipos naturales que el sincretismo actualiza, en el origen presente agradecemos la resistencia de la unidad del femenino y el masculino presente en todo el cosmos, porque somos uno con el todo.
La creatividad del arte, nos permite transformar la tradición para mantenerla viva, traerla al ahora y recordar que es origen, porque como la vida está en permanente movimiento en el cuidado de la unidad todo abarcadora.
En este caso sembramos en la casa de la Flor de Aroeira Brasil, aguardianada por San Benedito, el que cuida las semillas las niñas y los niños, el sonido regenerador de los tambores, tocados con el sabor dulce de las mujeres, para experienciar la cosecha de la unidad del canto de los hombres y las mujeres que celebran la plenitud de la existencia.
Socialización Biochikue
La alegría del festejo nos permite recordar el cuidado de los territorios.
El vientre, la cuca, la casa que nos presentifica. El primer territorio nuestro cuerpo.
El territorio, la casa del acompañar que tiene su existencia, sus guardianes. El territorio donde vivo, el orden de la montaña, de la quebrada, del fuego y del viento. La casa de la familia extendida. Los que llegamos nos acogemos a compartir la vida desde el orden propio de cada casa, sus prácticas, sus altares. El planeta, la casa de todos, su cantos sus danzas, y su ritualidad natural para el cuidado de las relaciones y de todos los seres sintientes.
La falda larga es un arquetipo vivo de la casa, para los niños es llamativo jugar entre las faldas de la madre, de la abuela; nos abriga, nos invita a su cobijo, su vuelo nos habla del regazo, del arrullo. Su movimiento recrea nuestra relación con la tierra, con el agua, con el fuego y con el aire, nos asombramos y compartimos lo que somos, una sola herencia que camina.
Aprendizajes que deja la experiencia
En la ritualidad del tambor de crioula los hombres tocan el tambor y las mujeres danzan, en ocasiones las mujeres tocan los tambores, los hombres nunca danzan; al atardecer en las montañas de Silvania, en la escuela Biochikue, se manifestó lo inesperado, mientras bailaban con sus faldas largas las niñas, las jóvenes y las mujeres, uno a uno de los hombres en la dicha del danzar manifestaron un gesto de unidad, se fueron colocando las faldas largas, estaban todos contentos, las faldas se movían como flores con el viento, las niñas, los niños, las mujeres y los hombres danzamos al unísono, una sola familia, agradeciendo con las sacudidas de las faldas la alegría de la vida.
Además reconocimos contenidos profundos como la pedagogía del silencio, la inclusión, la familia y la libertad presentes en las tradiciones ancestrales.
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